El Sentido de la Vida


"Soy un individuo único" y no tengo que ser una copia al carbón de mi padre, madre, mi tío, ni de nadie. Si estoy empeñado en llegar a ser mejor, me acepto como soy. Debemos medir nuestros logros en términos de nuestros propios éxitos y no en función de los logros del compañero o del vecino. La satisfacción y el sentimiento de nuestra valía derivan de nuestro propio desarrollo personal.

En cuanto dejamos de compararnos, estamos en posibilidad de apreciar y dirigir cumplidos a los demás. Amarse a uno mismo no es cuestión de presumir con todo el mundo, sino de aceptarse a uno mismo, de ser consciente de mis cualidades y mis defectos, de mis alcances y de mis limitaciones.

Nuestra condición humana es causa de que cometamos errores y que seamos a veces, inseguros. Generalmente, no estamos contentos con nuestra posición en la vida desearíamos ser aquella persona a quien más admiramos. No nacemos con cualidades como el valor la generosidad; hay que cultivarlas. Inclusive, el conocimiento y la experiencia no son cuestión de suerte, hay que adquirirlos.

A medida que crecemos y cambiamos, modificamos nuestra autoimagen. Cuando sutilmente rectificamos algunas de nuestras ideas, nuestras relaciones mejoran automáticamente, sin tener que cambiar a todos los demás. Cuando tu vida es un desastre, las personas felices y emocionalmente estables, tienden a evitarte porque procuran contactar a quienes básicamente son como ellos. De aquí, que primero tenemos que poner orden en nuestras vidas para sentir que los demás puedan contribuir a nuestra felicidad. Los seres que disfrutan relaciones satisfactorias estables, son equilibrados: no andan en busca de alguien que llene un vacío. Debemos reconocer nuestra propia valía, porque si dependemos de la opinión de otros y ellos no la reconocen, viviremos de continuo decepcionados.

Tomarnos muy en serio puede significar también que intentemos desesperadamente impresionar a los demás. A algunos no les interesa hacer amistades, sino lo que pretenden es impresionar a otros y cuando éstos se vuelven distantes, se imaginan que los han intimidado o que le tienen envidia. Frecuentemente las cosas que para nosotros son de inmensa trascendencia, no le importan nada al resto de la humanidad. Cuando nos mostramos demasiado aprehensivos, los demás se sienten sofocados y provocamos que se alejen.


VIVIMOS AISLADOS.

Hoy en día vivimos aislados. Habitamos edificios donde nos topamos con el vecino de vez en cuando en el ascensor. Otros viven en casas rodeadas de altas rejas, con alarmas de seguridad. Pasamos horas en el tránsito embotellado. Ya no usamos el teléfono sino que enviamos un fax y si utilizamos el celular, la brevedad en función de costos, resulta lo más relevante. Las tertulias familiares han sido sustituidas por ver televisión sin intercambiar conversación con quienes están a nuestro lado y si no hay algo en la televisión que nos interese, usamos la videocasettera, nos acomodamos para ver una pelicula y allí permanecemos horas. El contacto personal se ha ido perdiendo y ya la vida no es una experiencia compartida. No hacemos algún esfuerzo para conocer, convivir, acercarnos a los demás y correr el riesgo de expresarnos.

Albergamos consciente o inconscientemente, creencias de nuestra experiencia de los años de infancia, que una vez formadas, nos rigen durante el resto de la existencia. Seguimos tratando de demostrar que lo que creemos es correcto.

Muchas veces estas creencias arruinan nuestras vidas por tratar de probar que tenemos razón. Nos involucramos tanto en nuestras propias situaciones, que el tener razón se convierte en algo más importante que ser feliz.

La vida es un aprendizaje continuo y las elecciones más importantes las extraemos de las relaciones humanas. Al asumir la plena responsabilidad de nuestras vidas, nuestra existencia verdaderamente funcionará. Si dejas de aprender no ocurrirán cambios.


RESPONSABILIDADES

Si tú mismo no arreglas tu vida y no asumes la responsabilidad para afrontar responsabilidades, hacer algo al respecto no va a depender de otros.

Nadie puede hacerte infeliz sin tu consentimiento. Cuando dices "es que no pude hacer nada", generalmente la verdad es que no pudiste, sino que no quisiste hacer nada. Si somos honestos con nosotros mismos, nos damos cuenta que siempre elegimos todo: pensamientos, amistades, trabajo, pareja, etc., y atraemos situaciones y eventos.

Una manera de lidiar eficazmente con la gente, es no permitir que te hagan sentir mal. De nosotros depende comunicarnos claramente y no culpar a los demás. La vida es como un supermercado donde tú eres uno de los millones de productos del inventario. El reto que tienes es demostrar tu valía frente a la gente. Si eres valioso serás solicitado, y si no, permanecerás en el anaquel. Culpar a otros, se convierte en una excusa para no actuar y la inactividad nunca es útil a nadie.

Si quieres recuperar la estabilidad, limita la cantidad de responsabilidades que te echas encima. La sobrecarga de trabajo no ocurre automáticamente, sino que se acumula si permitimos que sea así. La manera de sobrellevar responsabilidades depende de tu personalidad, de tus percepciones y de tus habilidades para manejarlas. Cuando se carece de una gratificación por el esfuerzo desempeñado, hace que el estrés sobrevenga y se vuelva insostenible. Establece metas a corto, mediano y largo plazo en función de tus ideales y objetivos. Procura que tus propósitos no sean tan simples que carezcan de sentido ni tan complejos que se vuelvan inalcanzables y aflictivos.

Los pretextos y excusas solo sirven como consuelo. Al final, lo único que cuenta es si llegaste a donde realmente deseabas llegar. Las personas sanas y felices triunfan a pesar de las dificultades, no en ausencia de ellas. No te concentres en el problema, sino en la solución. Pregúntate qué quiero, y que acción emprenderé para lograrlo. Debes tener tacto y decir las cosas como son; la honestidad para con otros es señal de que los respetas y que te respetas a ti mismo.


BUSCANDO APROBACION

Hemos sido poderosamente condicionados a buscar aprobación, cuando la gente aprueba nuestros actos, nos sentimos contentos, pero si no recibimos la aprobación esperada, nos sentimos infelices. Estamos bajo el control de los demás.

Para asumir el manda de nuestras vidas, el reto es eliminar la compulsión a recibir aprobación; a fin de cuentas, lo importante es tener la mente en paz y no preocuparse por lo que piensen los demás. Preocuparse por las opiniones ajenas es un hábito difícil de romper, pero por otra parte, no hacerlo puede acarrear resultados trágicos.

Del mismo modo, si intentas complacer a todos, no eres sincero con nadie, ni mucho menos contigo mismo. Si la gente no está de acuerdo con tus principios y con tus actitudes, es asunto de ellos.

Necesitamos pensar y actuar de manera independiente, soslayando las explicaciones de todo lo que hacemos. El solo hecho que alguien te haga una pregunta, no significa que te incumbe la obligación de responderla hasta su entera satisfacción.

Sé asertivo; toma tus propias decisiones. Si decides ofrecer explicaciones, hazlo porque deseas compartir tus pensamientos y no porque busques aprobación. Asumir el control de nuestra vida frecuentemente implica decir NO; es difícil decir NO: a veces tenemos miedo de caerle mal a la gente si defendemos nuestra posición.

La única manera de escapar al sentimiento de culpa que otro te infunde, es convertirte en tu propio juez. Rehusa atarte a sus conceptos: saca tus propias conclusiones y verás que no te van a enredar en la manipulación del sentimiento de culpa. Establece lo que deseas y no dejes que te desvíen.


DEFENDER TU POSICION

Asume la responsabilidad de cómo expresas tus sentimientos. Si sientes disgusto, espera unos minutos para que te serenes y puedas hablar con la mente clara. Napoleon sostenía "Antes de pensar en la injuria que hemos recibido, hay que dejar pasar cuando menos una noche". Hasta donde te sea posible, debes ser amistoso con las personas. Es importante que observes que no es que te has replegado para recobrar fuerzas y lanzarte con renovados bríos a la guerra; tu meta es resolver el conflicto, lo que buscas es una solución, no un trofeo, pues al decir de Bolivar: " Audacia en el proyecto y prudencia en la ejecución".

Los demás nos respetarán en la medida que nosotros mismos nos respetemos. Las personas que son pisoteadas por todo el mundo, llevan un letrero subliminal que dice: "estoy seguro que me vas a maltratar; yo te lo permitiré y después te culparé por haberlo hecho".

Actuar con firmeza no es cuestión de moral; ni siquiera cuestión de derecho. Sencillamente se trata de que uno mismo, como persona cabal, defienda su postura. La cuestión es qué decides hacer para recibir el trato que deseas. Actuar con firmeza es un deber para con nosotros mismos. Sí interiorizas tus problemas y juegas al papel de víctima, te encaminas hacia enredos muy serios, Actuar con firmeza se trata de que uno mismo, como persona y ser humano, asuma y defienda su postura.

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